La convocatoria frente a la violencia de género tuvo un gran respaldo en la ciudad de Córdoba y en las principales ciudades del interior.
Comenzó como un grito surgido del cansancio y la impotencia ante la sucesión de casos de mujeres asesinadas a causa de la violencia de género. Pero no fue un grito en soledad. Enseguida, el reclamo se hizo colectivo. Movilizó a mujeres y hombres, a chicos y grandes, a quienes han sufrido la violencia o sus consecuencias y a quienes piensan que es absurda una sociedad donde se puede perder la vida por la condición de género.

Ayer, una multitud terminó de dar forma a ese reclamo que finalmente llegó a las calles después de 23 días de compartirse en las redes sociales y en el boca en boca. Porque el hashtag y las fotos de gente que portaba carteles habían sido sólo el comienzo.

Los primeros en ocupar la intersección de Colón y Cañada fueron los partidos políticos y las organizaciones sociales. Luego los autoconvocados comenzaban a asomarse por la Cañada, algunos con la mirada curiosa, otros con carteles que habían preparado en sus casas contra los femicidios, pero también contra otras violencias.

“¿Te insulta? ¿Retiene tu sueldo? ¿Te ignora”, leí por encima de las cabezas que se iban amontonando en las calles.

El frente de la columna estuvo encabezado por familiares de las víctimas de la violencia extrema.

Sosteniendo los carteles con las fotos de las mujeres que nos faltan, fueron rodeando la bandera que pedía “Ni Una Menos -Ley de emergencia”.

Emocionados y con un fuerte reclamo de justicia para ellas, se dejaron abrazar por una multitud diversa, que pronunció algunos de sus nombres: Rocío Rodríguez, Paola Acosta, María José Urbaneja, Marta Núñez, Marisa Cárdenas, Andrea Porta,
Julia Torres. Y más, muchas más.

En la columna que avanzaba por avenida Colón se veían muchos jóvenes que acompañaban un reclamo que los alcanza y los necesita para ser protagonistas del cambio. También parejas y familias enteras, como la de Patricia Villaroel, que llegó con su hija Daiana y su pequeña nieta Azul. “Vinimos por ella, porque preguntaba qué era, quería venir”, contaban.

“El cambio es verdaderamente cultural y es necesario al menos dar el primer paso. Hay que cambiar los estereotipos”, decía Justina Beily, docente jubilada que fue con un cartel que pedía “no educar princesas indefensas ni machitos violentos”. Muy cerca, Rodrigo contaba con lágrimas en los ojos que alguna vez la violencia le tocó de cerca. Por eso también él estaba ahí.

Nadie quiso estar afuera

A lo largo de la tarde también aparecieron algunos políticos y funcionarios tratando de mezclarse con la multitud que desde los carteles y el megáfono les recordaban que el estado es responsable de dar respuesta y garantizar la vida e integridad de las mujeres.

La Policía y los organizadores coincidían anoche en una estimación de más de 50 mil personas, en una manifestación difícil de comparar con otras convocatorias públicas que ocuparon alguna vez las calles de Córdoba.

En un momento fueron 10 cuadras repletas, embanderas con una consigna que abraza una lucha de años.

En el escenario montado en plaza Vélez Sársfield, familiares de víctimas, periodistas y comunicadores autoconvocados, víctimas de violencia, organizaciones sociales y partidos políticos leyeron un documento consensuado en el que se reclamaron el fin de la violencia de género y una serie de medidas urgentes y concretas para proteger a las víctimas.

“El femicidio atraviesa todas las clases. La violencia de género convierte el hecho de ser mujer en un factor de riesgo. Apunta, lesiona y mata por el hecho de ser mujer”, se escuchó.

Emergencia

Los pedidos centrales fueron la sanción de una ley de emergencia en materia de violencia de género en todo el territorio provincial y nacional, la aplicación efectiva con presupuesto acorde de la ley nacional 26.845, la revisión de la ley provincial de Violencia Familiar, la atención integral a las víctimas, la garantía de acceso a la Justicia y un registro de femicidios y casos de violencia de género, entre otros puntos.

“Ni una sola muerta más, ni una mujer menos”, pidieron las oradoras, entre quienes estaba María Gonzalía, hija de Julia Torres, sumando su voz a un reclamo que anoche, como nunca antes, ganó las calles.

Reclamos cordobeses
-La declaración de emergencia en el territorio provincial y nacional.

-La creación de refugios y contención psicológica, jurídica y social gratuitas.

-La capacitación en perspectiva de género para funcionarios públicos.

-La reglamentación de la totalidad de los artículos de la ley nacional 26.485, de Protección Integral de las Mujeres, con presupuesto acorde.

-La revisión a través de audiencia pública de la ley provincial 9.283 de Violencia Familiar

-La adhesión y aplicación real en la provincia de Córdoba de la ley nacional 26.485.

-La creación de un registro único oficial de femicidios y de violencia de género en el país.

-La garantía del acceso a la Justicia para las víctimas de todo tipo y modalidad de violencia de género y respuestas efectivas contra los violentos. No más revictimizaciones.

-La definición de dispositivos especiales de intervención con los violentos y para las situaciones de mayor riesgo.

-La revisión del funcionamiento del Poder Judicial. Los jueces, fiscales, funcionarios judiciales y fuerzas de seguridad deben cumplir la ley vigente

-Adhesión de los medios al protocolo de tratamiento periodístico y publicitario.

Además, se reclama “garantizar y profundizar la educación sexual en todos los niveles educativos”.