La condena de ocho años de cárcel fue por la comercialización de droga en matafuegos. Volvió a ser absuelto por almacenamiento de cocaína en una casa de Villa Carlos Paz.

"Le agradezco al tribunal por el trato que me dieron. Quiero que se me juzgue como a cualquier ciudadano”.

Estas fueron las últimas palabras de René Alejandro “el Chancho” Sosa dirigidas a los jueces, antes de que se retiraran a deliberar para dictar sentencia.

Exactamente a las 12 de ayer regresaron a la sala de audiencias José Fabián Asís, presidente del Tribunal Oral Federal N° 2, de la ciudad de Córdoba, acompañado por José María Pérez Villalobo y Carlos Julio Lascano.

El acusado se mostró inexpresivo, ni parpadeó cuando Asís leyó la parte resolutiva y comunicó que Sosa había sido condenado a ocho años de prisión por el delito de comercialización de estupefacientes por haberse cometido con la intervención de tres personas organizadas.

El abogado Miguel Juárez Villanueva suspiró porque la defensa había logrado una condena menor a los 10 años que había reclamado el fiscal Maximiliano Hairabedian, aunque se quejó por el monto de la pena porque al vendedor mayorista de la droga en matafuegos, Marcos Ríos lo habían sentenciado a siete años y seis meses, en un juicio anterior.

“Cómo puede ser que a un comprador le den más años que al distribuidor mayorista”, se lamentó el abogado.

En realidad, para justificar los ocho años, el tribunal consideró que Ríos, junto a David Palacios, quien fue a buscar los matafuegos enviado por el “Chancho” eran miembros de una organización.

Sosa fue juzgado, además, por segunda vez por el secuestro de cocaína en una casa de Villa Carlos Paz el 24 de abril de 2008, oportunidad en que fue detenido junto a otras 10 personas.

Con el argumento de que la Policía le había plantado la droga, de que esa casa no era del “Chancho”, sino de su hermano Damián, y por la demora de casi una hora en hacer ingresar a los testigos, el narco de barrio Maldonado había sido absuelto en aquel primer juicio por el Tribunal Oral Federal N° 1.

El fallo fue apelado y la Cámara de Acusación lo anuló y resolvió que Sosa fuera sometido a un nuevo juicio.

Marcelo Brito, el otro defensor del acusado, demostró que el pronunciamiento de Casación contenía “mentiras” y sostuvo que esos camaristas habían cometido el delito de prevaricato.

El defensor dijo que “el Chancho” no tenía la llave de la vivienda de Villa Carlos Paz y que tampoco era cierto que los impuestos estaban a nombre de su cliente.

Mostró las boletas de servicios pagos antes y después del allanamiento, probando que las facturas llegaban a nombre de la mujer de Damián Sosa, ya fallecida.

Los argumentos de la defensa fueron contundentes y el tribunal volvió a absolver a Sosa.

La causa que lo condenó
Juárez Villanueva había planteado la nulidad de la otra acusación porque se “había invadido la intimidad” del “Chancho” al intervenirle los teléfonos. En realidad, Sosa se condenó sólo al hablar por teléfono en dos investigaciones distintas.

El fiscal Hairabedian pidió un peritaje de voz y pudo probar que en el caso de los matafuegos, quien mandó a buscar los casi 18 kilos de pasta base al condenado Palacios, no fue otro que René Alejandro Sosa, un “narco escurridizo”, según lo describió en su alegato.

Al conocerse los resultados de ese peritaje, la Cámara Federal de Apelaciones dispuso la captura del “Chancho”, argumentando que había peligro de fuga.

Esto más allá de que cada vez que se lo mencionó, el delincuente se presentó espontáneamente ante la Justicia.

El Tribunal Oral Federal N° 2 entendió que por este segundo caso, Sosa sí debía ser condenado.

Sosa fue “despedido” con una lluvia de flashes y cámaras. No quiso hacer declaraciones. Para qué, si ya estaba todo dicho.